BALANCE DEL BICENTENARIO (II)

Tareas de la intelectualidad en los 200 años de independencia

Habíamos señalado en la primera entrega que, indudablemente, Paraguay fue, en su primer medio siglo de existencia, como república independiente, una suerte de realización del ideal platónico de los filósofos como gobernantes.

Sin la menor duda, los Congresos de vecinos sufragantes otorgaban su voto a quienes se rodeaban de una reputación de “letrados” equivalente a abogados conocedores del Derecho Canónico, y por ende el Derecho de Gentes, lo que autorizaba a los clérigos menores a elegir entre la vida eclesiástica o secularizada. En el Paraguay, los primeros tutores de su vida independiente fueron miembros de lo que en buena fe se llamaría la “intelligentzia”.

Las luces intelectuales se convirtieron en la principal justificación para la selección de líderes, una tradición que más adelante se pierde en el Paraguay.

En el marco del balance de la tarea intelectual, no puede soslayarse la valiosa contribución de intelectuales extranjeros que eligieron afincarse en esta patria. La Universidad Nacional fue fundada en 1889, en base a los proyectos del Dr. Ramón Zubizarreta, que fuera su primer Rector.

Oriundo de Burgos, España, doctorado en Derecho y Filosofía en la Universidad de Madrid y Salamanca, llega a Buenos Aires en 1870. Invirtió en proyectos de colonización en la Villa Occidental (hoy Villa Hayes); fue por eso que viaja al Paraguay y el Gobierno solicita su colaboración. Su primer cargo fue la Subsecretaría de Guerra y Marina y llego a ser Fiscal General del Estado. Contribuyó en la creación del Colegio Nacional de la Capital, (1877), donde tuvo varias cátedras. Ayudó a la fundación de los colegios superiores de Villarrica, Concepción, Pilar y Encarnación. Fue el verdadero fundador académico de Universidad Nacional de Asunción (1889) y ejerció el rectorado hasta su muerte, acaecida el 16 de agosto de 1902.

Cristóbal Sánchez y Campos fue un publicista destacado y un periodista crítico en momentos fundacionales de los partidos políticos.

Viriato Díaz Pérez compone uno de los más completos estudios de la Revolución Comunera y la emergente literatura paraguaya.

José Rodríguez Alcalá, joven periodista argentino, escribe la primera novela en el Paraguay: Ignacia, la hija del suburbio, a principios del siglo XX, y la primera Antología poética, además de El Paraguay en marcha, de 1908, precursor de los Álbumes Gráficos del Centenario de la Independencia Nacional.

Manuel Gondra nació en Buenos Aires. El gran profesor y mentor de juventudes accedió dos veces a la Presidencia de la República, pero por mandatos efímeros, se cree en parte por su acuciosa valía intelectual lo que le dejaba desarmado en los frecuentes enfrentamientos políticos cotidianos en el marco de una competencia caudillística que él no manejaba.

Rafael Barrett, de línea anarcosindicalista, que llega al país a principio de siglo XX, y cuya obra deja huellas profundas en el alma paraguaya, pues inaugura una temática social de profunda y radical crítica a las formas y estructuras de la sociedad en la que se inserta. Perteneció a la generación del 98 española, que migra en su mayoría. Funda en el Paraguay el periódico “Germinal”, que surge en 1908, como órgano de la clase trabajadora, y que se erigiría en la voz de los sin voz. Escribe piezas antológicas sobre la situación de los mensús en los yerbales paraguayos. El dolor paraguayo y Lo que son los yerbales se inscriben en sus Obras completas, publicadas posteriormente.

Muchos otros perfiles extranjeros aportan en varias disciplinas del saber y la ciencia, así como figuras femeninas, como Serafina Dávalos, Teresa Lamas, Josefina Plá, Concepción Leyes de Chaves, y todas las mujeres vinculadas a la corriente de reivindicación de los derechos de la mujer. Igualmente las vinculadas a la noble tarea del magisterio.

El ámbito de la literatura, en sus distintos géneros, la ciencia y la economía tuvieron y tienen sus cultores con inestimables aportes.

Emprendimientos editoriales de valía se dan en el Paraguay. Alrededor de varias revistas, los intelectuales paraguayos deslizan su pluma en defensa y análisis de hechos y aconteceres que afectan al país, la región y el continente.

Las ideas del pensamiento latinoamericano tiene su correlato en autores paraguayos que se inscriben en esas líneas. Pensamiento paraguayo del siglo XX, compilación con prólogo de José Carlos Rodríguez, incorpora varios capítulos como las Principales figuras del Positivismo Paraguayo, de Justo Pastor Benítez (h); Referencias al novecentismo, el arielismo y el aprismo del Prof. Raúl Amaral; Estudios sobre el socialismo paraguayo (1914-1918), de Milda Rivarola; contribución de Guido Rodríguez Alcalá sobre nacionalismo: La vuelta de Francia y López: Las ideas de Juan E. O’Leary; ensayo de Efraím Cardozo sobre Desarrollo cultural desde fines del siglo XIX hasta la guerra con Bolivia, muy completo porque aborda varias disciplinas; El Problema de la historia en el Paraguay, un esquema de epistemología de la disciplina historiográfica del Dr. Lorenzo Livieres y Juan Santiago Dávalos; La ciencia y el ensayo en la primera mitad del siglo XX, de Rafael Eladio Velázquez, otra mirada a la producción intelectual paraguaya; la contribución de Milda Rivarola sobre Pensadores y corrientes políticas en el Paraguay, original trabajo que analiza algunos perfiles paradigmáticos del nacionalismo, liberalismo, comunismo y posmodernismo, el aporte de Bartomeu Meliá con Pensamiento guaraní para uso de paraguayos y latinoamericanos, García Riart, joven investigador que reflexiona sobre el Reformismo de la participación universitaria a la militancia política, y Devés Valdes coeditor de la obra, analiza el trabajo de una veintena de intelectuales paraguayos y ayuda a evaluar los logros y los desafíos del quehacer intelectual paraguayo contemporáneo, y donde cita muy particularmente la Revista Paraguaya de Sociología, del Centro de Estudios Sociológicos fundada y dirigida por el Dr. Domingo Rivarola.

Por lo tanto podemos decir que hubo, a pesar de las dificultades, aportes individuales y colectivos de gran valía; colectivos que ofrecen sus anuarios, reflejo de importantes trabajos de investigación, como el de la Academia Paraguaya de la Historia.

La Revista Estudios Paraguayos, de la Universidad Católica, de larga trayectoria, en un momento dirigida por el insigne Adriano Irala Burgos.

La Revista del Centro Paraguayo de Estudios Antropológicos, que reune inestimables aportes de grandes estudiosos como Bartomeu Melia, Gato Chase Sardi, José Zanardini, Sinforiano Rodríguez, Ramiro Domínguez, Moreno Azorero, entre otros.

Ya con la emergencia de la política internacional de la Guerra fría, post-Segunda Guerra Mundial, y los remedos totalitarios en el continente, el papel de los intelectuales fue relegado al principio a las aulas universitarias, y más adelante, al notarse su influencia sobre las mentes juveniles, les valió a los mentores, en muchos casos, el destierro cuando no la persecución y la cárcel.

No pocos de los intelectuales destacados exhibían abiertamente una fascinación hacia la prédica y la influencia del marxismo originalmente concebido como un proyecto para el proletariado; sin embargo, terminó logrando mayores adherentes entre jóvenes universitarios e intelectuales en todo el continente.

Esa línea de pensamiento, muy proscripta en nuestro medio, genera una autocensura y un obligado silencio acompañado de destierros y ausentismos por largas temporadas de figuras que consideramos señeras en el marco de la producción intelectual.

Recomendamos muy particularmente el aporte de Andrés Flores Colombino: La fuga de intelectuales, emigración paraguaya, publicado en la ciudad de Montevideo en 1972, con prólogo de Carlos Pastore.

Es importante destacar en esta reflexión del Bicentenario, que la historiografía paraguaya ha sido objeto de valiosas contribuciones y, sobre todo, últimamente nuestro proceso histórico nacional está generando mucho interés en los claustros universitarios extranjeros. Precisamente la Universidad de Montevideo convoca en el mes de junio a un Congreso de Historia paraguaya, donde participaran Thomas Whigham, Jerry Cooney, Barbara Pottash, Liliana Brezzo, Fernando Aguerre, Marco Fano, Dardo Ramírez, Juan Manuel Casal, Francisco Doratioto, Jennifer French, Gabriela Quiñonez, Luc Capdevila y otros investigadores que podrán compartir intensos días de reflexión con pares paraguayos y también con estudiantes.

Finalmente, la figura del maestro Augusto Roa Bastos, que fue el escritor paraguayo que alcanzó mayor significación en el mundo de las letras. Su punto alto fue el premio Cervantes que irónicamente alcanzó en el mismo año en que el general Alfredo Stroessner, era derrocado por uno de sus generales luego de 35 años de gobierno.

La obra del insigne escritor se inscribió dentro del “célebre boom” de la literatura hispanoamericana y se extendió por varias décadas. Si bien incluyó poesía y crítica, Roa Bastos alcanzó la inmortalidad por medio de su narrativa. Hijo de hombre lo consagra, y para los paraguayos Yo el Supremo es una obra magistral pero al mismo tiempo reveladora de una contradicción pues existe siempre el fundado temor de que al elogiar al Karaí Guazú del pasado corremos siempre el riesgo de justificar al tirano actual.

La vida del escritor ya fallecido e inhumado con honores de héroe nacional en su tierra, cumpliendo así su sueño de exiliado, conoció muchos avatares. Admirador inicial de los regímenes nacionalistas por su propensión al elogio del héroe, pronto se desencantó y se volvió un crítico de los gobiernos autoritarios lo que le valió vivir siempre alejado de su patria, en la cosmopolita Buenos Aires donde se ganaba la vida como periodista y guionista de cine.

Para 1976 en plena dictadura militar argentina había llegado el momento de buscar otros horizontes conocida la inclinación del gobierno del general Jorge Rafael Videla de perseguir escritores y poetas. Recaló así en la Universidad de Toulouse donde enseñaba literatura, narrativa e idioma guaraní.

Sus últimos años fueron particularmente creativos con la publicación de La vigilia del Almirante sobre el viaje de Colón; El Fiscal, con una reflexión sobre los modos en que su tierra fue y debe ser gobernada; Madama Sui, referida a los miles de mujeres jóvenes que se inician a la vida como amantes de algún anciano con poder; y Contravida, que cierra el ciclo entero de su obra narrativa en sus propias palabras.

Nadie entendió tan bien el alma profunda del paraguayo y nadie la vivió con tanta hondura y plenitud.

Existen en el Paraguay una proliferación de diagnósticos técnicos, paralela a una falta de estudios más profundos sobre realidades trascendentes para nuestros pueblos, y propuestas validas para superarlas… la educación, la cultura, el bilingüismo, el rol de la universidad, la producción agrícola, manejo de los recursos naturales, la distribución de la riqueza, la producción energética, la insersión internacional, la salud, es decir las falencias casi se tornan universales, y se deben contemplar en el marco de las políticas públicas.

Al igual que dos siglos atrás, la principal obligación del intelectual hoy en día es la supervivencia, lo que le obliga aceptar ocupaciones que si bien gananciales, dispersan los intereses de su investigación y se apartan de los talentos específicos.

Cabe preguntarnos finalmente: Si a dos siglos de distancia fuimos capaces de hacer que el planteamiento de nuestros patriotas finalmente signifiquen la mejora del destino de las grandes mayorías sociales en materia de educación, salud, derechos humanos y culturales.

El Dr. Eduardo Deves, autor de la Carta compromiso de la intelectualidad de América Latina y el Caribe con el futuro de la Integración intelectual de la región a la hora del Bicentenario, señala que los aniversarios son momentos privilegiados para conmemoraciones y balances y la ocasión se hace propicia para entender que el estancamiento relativo o los lentísimo progresos de América Latina en relación con otras regiones se han hecho tanto más patentes cuanto dolorosas.

Deves señala que la primera tarea progresista para los intelectuales hoy es mejorar los niveles de desarrollo humano de nuestros pueblos por sobre ortodoxias, sectas o capillas. Y ello significa no solamente mejorar el nivel educativo que es uno de los imperativos mas acuciantes, sino la productividad del trabajo, aumentar la participación informada en diferentes instancias ciudadanas y mejorar la capacidad de diálogo a nivel micro y macro. Exigir a los medios de comunicación un mayor compromiso, a la universidad que desempeñe mejor su rol, misión y visión. La educación es aléphica, señala Deves, es decir permite verse a sí misma y ver todas las otras dimensiones de la realidad

Prof. Beatriz G. de Bosio

Artículo publicado por el Diario ABC de fecha 12 de Junio de 2010


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