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Proyecto
de investigación internacional
Avances y primeros resultados del proyecto
HUMANISMO MEXICANO DEL SIGLO XX
Tomo I
ALBERTO SALADINO GARCÍA
INTRODUCCIÓN
A principios de julio de 2001, auspiciado por
la Oficina de la UNESCO en Asunción, Paraguay, un grupo
de latinoamericanistas se reunió para discutir y aprobar
el proyecto de investigación internacional El pensamiento
latinoamericano del siglo XX ante la condición humana.
Allí se conformó el Comité Académico,
quedando integrado por ul pensador cubano Pablo Guadarrama
González, secretario general, y el filósofo
argentino Arturo Andrés Roig, presidente.
Quien suscribe se hizo responsable de la coordinación
de los trabajos en México, los cuales iniciaron en
el mes de marzo de 2002 cuando se solicitó el registro
del proyecto de investigación titulado El pensamiento
latinoamericano del siglo XX ante la condición humana.
El caso de México, ante la Coordinación General
de Investigación y Estudios Avanzados (CGIEA) de la
Universidad Autónoma del Estado de México. Por
la aceptación y financiamiento, así como por
el apoyo para realizar los seminarios respectivos de cada
fase, aprovecho la oportunidad para dejar constancia de agradecimiento
a las autoridades de esta institución, en particular
al Dr. Rafael López Castañares, Rector, y al
Dr. Carlos Arriaga Jordán, responsable de la CGIEA.
De paso registro la significativa colaboración y estímulo
de la Asociación Filosófica de México
y, de modo especial, de su presidente, Gabriel Vargas Lozano.
Por el ánimo encontrado entre los colaboradores invitas
para el período inicial, a los pocos meses pudimos
presentar públicamente resultados, exactamente el 17
de septiembre de 2002 al realizarse el Seminario Nacional
“La concepción del hombre en la filosofía
mexicana del primer tercio del siglo XX”. Lo mismo sucedió
con la organización del equipo integrado para estudiar
los intelectuales de la siguiente etapa, por lo que el Seminario
Nacional “Humanismo mexicano del II tercio del siglo
XX” se llevó a cabo del 28 al 30 de mayo de 2003,
cuyo número de ponentes alcanzó las cuatro decenas
quienes disertaron ante un interesado y masivo público
asistente. Los trabajos discutidos en ambos eventos son los
contenidos en este primer volumen, excepto los estudios que
se refirieron al último tercio, los cuales aparecerán
en un siguiente volumen junto con las ponencias que se leerán
en el último Seminario Nacional, así como algunos
trabajos rezagados de los períodos anteriores.
La hipótesis principal que se ha venido trabajando
es la siguiente: “Los más valiosos representantes
de la producción intelectual latinoamericana del siglo
XX han dado continuidad y enriquecido la tendencia humanista
y desalienadora que ha caracterizado en general a la historia
del pensamiento en Latinoamérica, manifestada por múltiples
vías de expresión cultural y en especial a través
de diferentes formas de la práctica educativa, política,
intelectual, artística, científica”.
En el caso de México está resultando probada,
como se constató ya en los dos seminarios realizados.
Debemos recordar que la preocupación humanista del
siglo XX mexicano tiene antecedentes centenarios que podemos
esquematizar en cinco grandes momentos.
1. La génesis de nuestro humanismo se localiza en el
debate de Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé
de Las Casas, pues el primero codifica en sus argumentos el
antihumanismo al intentar justificar, con base en ideas de
Aristóteles, la supuesta justeza de la conquista al
concebir a los aborígenes como seres bárbaros,
cobardes, incultos, inferiores, torpes, en tanto que el segundo
esboza las grandes líneas del humanismo, por su defensa
pertinaz de los indios como seres humanos.
2. La segunda manifestación de humanismo en México
aconteció paralelamente a esa discusión, en
el mismo siglo XVI, con la práctica evangelizadora
de religiosos propugnadores de la convivencia primigenia del
cristianismo, mediante la promoción de la educación
espiritual a la que aunaron la capacitación en oficios;
entre los religiosos que destacaron tenemos a Juan de Zumárraga,
religioso erasmista abierto a las ideas renacentistas; Pedro
de Gante por haber sido el primero en promover la educación
formal mediante la creación de varias instituciones
educativas; Vasco de Quiroga, forjador de la posible terrenalidad
de la utopía con sus experimentos en San Pedro Tultepec
y en la Rivera del Lago de Pátzcuaro; Bernardino de
Sahagún, intelectual de avanzada, por sus estudios
pioneros de la condición de los aborígenes y
del reconocimiento de la pluralidad de sus creaciones; Alonso
de la Veracruz por la promoción que hizo de valores
preclaros de la disciplina intelectual y moral con la enseñanza
de temas correspondientes a las humanidades como, por ejemplo,
el primer curso de filosofía que impartió en
Tiripetío en 1542 y más tarde mediante su amplia
labor docente en la Real Universidad de México y en
el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, etc.
3. El impacto de este tipo de enseñanza entre los criollos,
reiterada con altibajos durante el siglo XVII, hizo posible
mentalidades como las de Diego Rodríguez, Carlos de
Sigüenza y Góngora y Juana de Asbaje Ramírez
de Santillana, quienes propiciaron la revaloración
de las creaciones prehispánicas y así exaltaron
lo vernáculo, mas lo insólito consistió
en aportar la génesis de los derechos de igualdad de
géneros, como lo demuestra la prolija y original obra
de la poetiza.
4. Fue en la segunda mitad del siglo XVIII que los ilustrados
novohispanos reaccionaron para responder al resurgimiento
de argumentos denigratorios contra la naturaleza y la humanidad
de los americanos propalados por europeos, entre quienes destacaron:
Georges-Louis Lecrerc, mejor conocido como Conde de Buffon,
Cornelio de Paw, Guillaume-Thomas Raynal y William Robertson.
En efecto, a finales de dicha centuria advino un verdadero
movimiento humanista radical codificado por pensadores y hombres
de ciencia, religiosos y laicos, siendo relevante los casos
de Francisco Javier Alegre, José Antonio Alzate, José
Ignacio Bartolache, Francisco Javier Clavijero, Juan Benito
Díaz de Gamarra, Juan José de Eguiara y Eguren
y Manuel María Gorriño. cuyas premisas estuvieron
orientadas a recuperar y actualizar la teoría de la
justicia, sustanciar pruebas y argumentos científicos,
apelar a los razonamientos e interpretaciones filosóficas,
teniendo como saldo la promoción de la necesaria transición
de la dominación metropolitana a la liberación.
5. Los valores del humanismo fomentado por los ilustrados
novohispanos fueron tomados como base para construir la identidad
del nuevo hombre, del mexicano, ideado por los fundadores
del México independiente. Proceso que se ensayó
mediante políticas liberales y positivistas durante
el siglo XIX, pero que no fructificaron.
Ahora bien, en la centuria pasada los intelectuales mexicanos
debatieron también variados tópicos vinculados
con la condición humana, por lo cual resulta una impronta
recuperar la memoria de nuestro pasado inmediato para extraer
datos, elementos explicativos, informaciones, reflexiones
y aportes al respecto que puedan servir de fundamento para
sistematizar el humanismo mexicano del siglo XX, cuyo programa,
por cierto, pienso nos fue legado por los integrantes del
Ateneo de la Juventud.
Para concretar el objetivo general del proyecto de investigación
explicitado en los términos siguientes: “Determinar
los rasgos comunes y diferenciales de los representantes más
significativos del pensamiento latinoamericano en relación
con su posición respecto a la condición humana
y a partir de su producción desde la filosofía,
la literatura, la pedagogía, la historia, la economía,
la antropología, la psicología, la sociología
o el pensamiento político, jurídico, religiosos,
etc., del siglo XX, según que hayan aportado ideas
de valor a la cuestión de la reflexión antropológica
en el plano filosófico”, se eligió una
amplia nómina de intelectuales mexicanos, representativos
de prácticamente todas las áreas del conocimiento.
Para la realización de estos trabajos se cursaron invitaciones
ex profeso a académicos también de diferentes
formaciones profesionales, que laboran en distintas instituciones
universitarias, tanto públicas como privadas, de la
ciudad de México y del interior del país, unos
con amplia experiencia en la investigación y algunos
jóvenes que se inician en ella pues cursan estudios
de posgrado. Para uniformar los rubros a revisar, se pidió
a cada uno de los colaboradores considerar, en la medida de
lo posible, los objetivos específicos toda vez que
en ellos se plantea la amplia gama de tópicos a abordar
vinculados con la reflexión antropológica, según
se puede apreciarse en la transcripción siguiente:
a) La esencia o la naturaleza humana (actitudes filantrópicas
o misantrópicas, humanismo y solidaridad, determinismo,
libertad y enajenación, etc.).
b) Posturas gnoseológicas (escepticismo, agnosticismo,
optimismo epistemológico, etc.).
c) Realización, posibilidades y límites del
hombre ante la naturaleza, Dios y la religión, el Estado,
la escuela, la sociedad civil, la familia, el género,
las razas, las generaciones, la solidaridad, los derechos
humanos, etc.
d) Significado de los valores en su pensamiento (objetivismo,
subjetivismo, relativismo axiológico, etc.)
e) Principales propuestas ideológicas, políticas,
jurídicas, actitud ante el progreso social (críticas
al capitalismo y al socialismo, opiniones sobre la guerra
y la paz, etc.)
f) Ideas sobre el desarrollo de la ciencia, la técnica
y la modernización.
g) Concepciones sobre el papel de la educación, del
arte y la literatura y sobre los métodos más
adecuados para el perfeccionamiento humano.
h) Opiniones sobre la cultura latinoamericana e iberoamericana
en general, sus nexos con la cultura universal y en especial
el lugar que ocupa dentro de ellas la filosofía.
Fue necesaria tal recomendación no sólo
para recoger y debatir rubros semejantes sino en virtud de
ser motivo de estudio intelectuales con obras tan variadas,
en ciertos casos poco acartonadas, producidas en momentos
distintos y referentes tanto a artistas, científicos
de la naturaleza, de las ciencias exactas, de las ciencias
sociales, escritores, historiadores, literatos, periodistas,
religiosos y naturalmente filósofos.
Los trabajos contenidos en este primer volumen son producto
de los estudios elaborados por quienes integraron los equipos
abocados al estudio de los dos primeros tercios del siglo
XX. Por este motivo los ensayos se agrupan en dos partes.
La primera parte contiene los redactados por María
del Carmen Rovira Gaspar sobre Justo Sierra y Ezequiel A.
Chávez; Enrique Ochoa quien analizó la obra
de Ricardo Flores Magón; Mario Magallón Anaya
que estudió las ideas de Andrés Molina Enríquez;
Anastasio Sosa quien sistematizó los planteamientos
de José Vasconcelos; Víctor Manuel Hernández
Uría que trabajó el pensamiento de Antonio Caso,
y Alberto Saladino García quien revisó la concepción
del hombre de Alfonso Reyes. A estos trabajos se añadió,
por decisión del Comité Académico, el
estudio de Rosa Elena Pérez de la Cruz acerca de las
ideas de Pedro Henríquez Ureña.
El estudio de los intelectuales mexicanos del segundo tercio
del siglo XX lo hizo un amplio número de académicos
que trabajaron a: Rosario Castellanos, Margarita Tapia Arizmendi;
Mario de la Cueva, Luz María Zarza Delgado; Luis Enrique
Erro, Leonel Rodríguez Benítez; Isidro Fabela,
Graciela Vélez Bautista; Justino Fernández,
Héctor Serrano Barquín y Carolina Serrano Barquín;
Carlos Fuentes, Eugenio Núñez Ang; José
María Gallegos Rocafull, Elsa Cecilia Frost del Valle;
José Gaos, Alberto Saladino García; Ángel
María Garibay, Víctor Manuel Hernández
Torres; Alejandro Gómez Arias, Carlos Hugo González;
Vicente Lombardo Toledano, Alberto Saladino García;
Pablo Martínez del Río, Roberto Fernández
Castro; Bernabé Navarro, Laura Benítez Grobet;
Eduardo Nicol, Guadalupe Olivares Larraguibel; Ángel
Palerm, Edgar Samuel Morales Sales; Octavio Paz, Liliana Weinberg;
Samuel Ramos, María del Carmen Rovira Gaspar; José
Revueltas, América Luna Martínez; Jesús
Reyes Heroles, José Garcilazo Bedolla; Salvador Reyes
Nevares, Roberto Aguirre González; Manuel Sandoval
Vallarta, Luz Fernanda Azuela Bernal; Jesús Silva Herzog,
Humberto Rodríguez Pichardo; Emilio Uranga, Gustavo
Escobar Valenzuela; María Zambrano, José Blanco
Regueira.
El principal saldo de este conjunto de trabajos estriba en
recordar que el ser humano es sobre todo la razón de
nuestra existencia, particularmente en esta época de
crisis manifiesta, que nada más ni nada menos nos exige
repensar el humanismo, a partir de nuestra propia realidad,
y con base en los planteamientos de los intelectuales del
siglo XX iniciar la sistematización de los rasgos que
lo distinguen y a partir de los cuales enriquecer el humanismo
universal.
Alberto Saladino García
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