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Lecturas
El éxodo a las
ciudades ¿O Anticiudades? (reenvio) *
Por José Comblin
En 4 años 200 millones
de latinoamericanos y latinoamericanas salieron del
campo y se fueron a vivir a la ciudad. Pocos quedaron en el
campo. Y sin embargo, todavía son 100 millones los
que se preparan para irse también a vivir en donde
ya están sus hermanos.
¡Que aventura! 200 millones de personas
luchando y trabajando sin tregua para conquistar un pedacito
de terreno, recoger ladrillos, o madera o materiales de basura
para levantar paredes, buscar tejas cartones o cualquier material
para techar, y durante años mejorar poco a poco su
tugurio, favela, villa-miseria, pueblo libre
cualquiera
que sea el nombre. Luchar con la alcaldía, con la policía,
con los jueces, con los propietarios
para conquistar
el derecho de vivir en la ciudad.
¿Ciudad? ¿Será una ciudad?,
¿o un campamento?, ¿o un campo de concentración?
El que penetra en las áreas periféricas de Lima,
o de Santiago, o de cualquiera de las grandes metrópolis
latinoamericanas, piensa: así será el infierno.
Aquí está el infierno. ¿Pueden vivir
personas en esta basura?
Pues sí, allí vive gente. ¿Cómo
logran vivir en tales condiciones? ¡Cuántas reservas
de energía tendrá el ser humano para poder sobrevivir
en tales condiciones!
Everaldo viene del campo y llega a Recife.
Hace pocos días. Recibe la visita del jefe del barrio.
¿Quién es el jefe en las ciudades hoy día?
El narcotraficante, por supuesto. El jefe le comunica las
instrucciones para poder permanecer en el barrio y le da el
salvo-conducto. Everaldo se asusta. Andando por la calle pregunta
cómo podrá educar a sus hijos: aquí los
niños sólo juegan juegos de guerra: la policía
contra los traficantes y los traficantes entre ellos, Sólo
hablan de violencia, armas, matar y morir, La única
realidad que los niños conocen.
Pues en la ciudad lo que domina es el tráfico
de las drogas, de las armas, de todo lo que es clandestino.
Borrachera, corrupción de las autoridades y de la policía,
depresiones nerviosas, crímenes, angustias, asaltos
de ancianos para robarles su jubilación miserable
Además, basura en los caminos, polvo,
lodo, aguas sucias, niños jugando en la basura, gritos,
peleas en las casas
Sin contar a los niños asesinados,
o lo jóvenes que se matan porque pertenecen a bandas
diferentes. ¿Será solamente Río de Janeiro?
¡No! Todas las grandes ciudades son así.
Sólo hay dos profesiones que crecen
sin cesar: el comercio de drogas y la policía particular,
más numerosa que la policía pública,
en la que nadie confía.
¿Y la Iglesia? ¿La Iglesia lo
sabe? Sólo empieza a saber. Algunos. No el conjunto
Estamos en 1955. Río de Janeiro. ¡La
ciudad maravillosa! Congreso eucarístico internacional.
Un triunfo de la Iglesia, un triunfo del organizador, el arzobispo
auxiliar de Río, Helder Cámara. Obras y gastos
faraónicos. Cortaron una montaña para sacar
del mar un barrio nuevo, el aterro de Flamengo,
en donde se hace la explanada para la misa de conclusión.
Sólo un problema: los obispos que celebran al altar
tienen ante los ojos una vista sorprende: las favelas, exactamente
al frente.
Después de la misa, el anciano cardenal
Gerlier (Lyon, Francia) se acerca a Helder Cámara y
le felicita por la organización impecable del congreso.
Y añade: ¿Por qué Ud. no coloca
todos sus talentos de organizador al servicio de los pobres?
Todas estas favelas son un insulto al Creador. Para
Helder Cámara estas palabras fueron su camino de Damasco.
Dio una vuelta completa. Helder respondió al cardenal:
este momento es el cambio en mi vida. En adelante todo
lo que puedo, lo colocaré al servicio de los pobres:
Así la Iglesia descubrió la ciudad.
En aquel tiempo había 150 favelas en
Río. Helder Cámara pensaba que en 10 años
la Cruzada de San Sebastián, fundada por él
para enfrentar el problema de las favelas, podría terminar
sus trabajos. Los 400.000 favelados habrían recibido
una habitación digna del ser humano. Hoy día,
después de casi 50 años. Las favelas son innumerables
y allí viven 4 o 5 veces más habitantes. Peor:
el fenómeno se extendió a todas las ciudades,
no sólo a las grandes, sino también a las medianas.
Ahora bien, al lado existen los paraísos
de las clases ricas. Barrios privilegiados protegidos, limpios,
urbanizados según el modelo de las ciudades norte-americanas,
mejor dicho de los suburbios norteamericanos de New Jersey,
Los Angeles o de la carretera 123 de Massachussetts. Mejor
todavía: están surgiendo ciudades-paraíso
cercadas de muros como en la edad media para que sólo
puedan entrar personas que tienen pasaporte especial o por
lo menos buena apariencia (que no sean morenos).
Allá los privilegiados tienen sus shopping-centers
que son los santuarios construidos para celebrar el culto
al dios de la ciudad: el Dinero, El culto consiste en comprar
y consumir de acuerdo con la nueva filosofía: consumo,
luego existo; es el punto de partida de todo conocimiento.
Si se pregunta a la clase media de Sao Paulo:
¿cuál es el mejor símbolo de la
ciudad?. Contestan: La avenida Paulista. Ahora bien,
la avenida Paulista es la Wall Street de Sao Paulo. Allí
triunfa en sus grandiosas catedrales el dios Dinero en sus
diversas manifestaciones: City Bank of New Cork, Bank of Tokio,
Banco do Brasil, Bradesco, Itaú, etc., hipóstasis
todas ellas del mismo dios único y verdadero, el dios
Dinero - ¡que reine eternamente!-,
Las personas que allá viven nunca han
visto a la otra parte de la ciudad. Le tienen horror sólo
a pensar en su existencia, lo que a veces los periodistas
recuerdan cuando hubo una matanza hecha por la policía.
Cuando en sus carros pasan en la cercanía de los barrios
populares, la gente de bien se cubre el rostro con la mano
para no ser afectado por la energía negativa que sale
de esos barrios sucios. Para ellos un solo remedio: ¡más
policía y más prisiones!
¿Cuál es la salida? ¿Quién
dará humanidad a las poblaciones de nuestras anti-ciudades?
Nadie vendrá a ayudar a sus habitantes. Ellos mismos
tendrán que buscar sus soluciones. Los mismos excluidos
y oprimidos tendrán que dar solución.
Solución a la violencia: organizando
su propia policía popular. Solución a la falta
de alojamientos: conquistando tierras, derechos, materiales
de construcción. Solución a la falta de salud:
organizando sus dispensarios. Solución a la falta de
educación: organizando la educación para los
niños. Solución a la falta de empleo: organizando
trabajos voluntarios y exigiendo colaboración de las
autoridades.
No hay ningún problema que las clases
ricas o las autoridades públicas vayan a solucionar:
éstas no pueden, porque todos los recursos son necesarios
para mejorar la vida de los poderosos. Nunca sobrará
nada para los pobres. Estos por sí mismo tienen que
luchar y trabajar, como hacen desde hace 40 años.
Los Santos del XXI serán varones y mujeres,
seglares, que dedicarán toda su energía, todo
su amor no ya la ciudad de ladrillos sino la ciudad de ciudadanos;
de campesinos expulsados de la tierra y perdidos en los campamentos
habrán conseguido hacer ciudadanos libres y activos
que vivirán en verdadera comunidad.+ (PE)
PreNot 7621
080902
* Artículo publicado por la
AGENCIA
DE NOTICIAS PRENSA ECUMENICA
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