|
Lecturas
Autor: Nicolás
del Techo
FUENTE: Correo Semanal
Diario Última Hora
Fecha 07 de enero de 2006
UN
TEXTO QUE REVELA LA HISTORIA DEL PARAGUAY EN LOS PRIMEROS
AÑOS DE LA COLONIZACIÓN
Historia de la Provincia del Paraguay
Los fragmentos publicados pertenecen a la Historia de la Provincia del Paraguay
de la Compañía de Jesús, libro publicado en
Lieja en 1673, y que dio a conocer al mundo europeo las vicisitudes
de las Reducciones Jesuíticas establecidas en el Paraguay.
|
Nicolás
del Techo | Sacerdote Jesuita
|
Descripción
del Paraguay
Esta provincia, que recibe su nombre del río que la baña, antes
que fuera separado el Tucumán, que formaba parte de ella, comprendía
la inmensa región que se extiende entre el Brasil y el Perú hasta
el Río de la Plata y el mar Atlántico. De su extensión
puede juzgarse, teniendo en cuenta que el Paraguay y el Paraná, antes
de juntarse, corren por ella majestuosamente más de trescientas leguas;
unidos más adelante forman el Plata, que, después de ochenta
leguas de curso, se arroja en el mar; a cincuenta leguas de su desembocadura
se halla la ciudad de Buenos Aires, fundada, según hemos visto, por
Pedro de Mendoza. En la misma orilla, y a ochenta leguas del mar, se levanta
Santa Fe, cuya situación es ventajosa para la navegación. A igual
distancia la de Corrientes, en el punto donde se unen el Paraná y el
Paraguay; tiene menos importancia que las anteriores. El Paraná, después
de correr más de cien leguas, se despeña en una majestuosa catarata,
pasada la cual se extiende la tierra de los guaraníes frente al Brasil,
en la cual hay dos pequeñas poblaciones de españoles, Villarrica
y Guairá, en otro tiempo muy conocidas. (...)
Los
habitantes europeos, tanto de la Asunción como de
las demás ciudades mencionadas, fueron tronco de
ilustres familias, que pueden ostentar brillantes genealogías,
como descendientes de casas principales de España,
tanto que quizás no haya en América provincia
alguna donde se cuente un número tan considerable
de insignes apellidos. Mas toda esta nobleza se degradó y
vino a menos con el tiempo, efecto de las condiciones del
país, que no proporcionaba riquezas para conservar
el rango de los antepasados. Todos saben que ninguna región
del Nuevo Mundo engañó tanto a los europeos
como el Paraguay. Aquí no hay oro ni plata, metales
que son desconocidos casi completamente; el hierro sí que
abunda, pero no explotan sus minas los indígenas.
Hoy mismo los españoles (excepto los que habitan
en Buenos Aires y Santa Fe, que comercian con el Perú)
no usan moneda, la cual reemplazan con la permuta de unas
cosas por otras, imitando las costumbres de los tiempos
primitivos. En pocos parajes se cultivan la vid o el trigo;
así que comer pan y beber vino es un lujo que solamente
se permiten los ricos. (...)
Muchas
son las virtudes que se atribuyen a dicha yerba; lo mismo
reconcilia al sueño que desvela, igualmente calma
el hambre que la estimula y favorece la digestión;
repara las fuerzas, infunde alegría y cura varias
enfermedades. Los que se acostumbran a ella no pueden pasar
sin usarla, y afirman que si dejaran tal hábito
se debilitarían y no podrían prolongar la
existencia, y de tal manera los domina este vicio, que
si no pueden adquirir buenamente esta yerba, venden cuanto
tienen para hacerse con ella. Los que piensan cuerdamente,
aunque reconocen que fortalece algo y es causa de cierto
bienestar, casi nunca la usan, porque si se abusa de ella
se produce la demacración, la embriaguez y otros
males, ni más ni menos que el vino.
Costumbres
de los guaraníes
El país que se halla situado entre los ríos Marañón
y Paraná, distantes entre sí de más de mil leguas, está casi
en el centro de la América meridional. En dicha región habitan
los guaraníes, quienes pueblan además la tierra que se extiende
desde el Paraguay y el Paraná hasta el Virreinato del Perú. Sin
embargo, es muy frecuente hallar en dicho país naciones que por su lengua
y costumbres difieren de los guaraníes, a las cuales éstos orgullosamente
llaman esclavas suyas. Con ellas mantienen de continuo guerra cruenta. Engordan
cuidadosamente los prisioneros de guerra para luego devorarlos, y en tales
banquetes, a fin de conmemorar sus hechos bélicos, toman un nombre nuevo,
habitan en pequeñas aldeas, donde mandan caciques insignes por su nobleza
hereditaria o elocuencia popular. Cuando sobreviene la lucha, eligen un jefe
que tenga fama de esforzado. (...)
A
ningún dios adoran, sino que están entregados
a las supersticiones y locuras de los hechiceros. El arte
de la adivinación es tan varia como los países
que los Guaraníes habitan, todos éstos convienen
en reverenciar sobremanera los magos distinguidos por su
trato familiar con los demonios. Los que pretenden ser
expertos en el arte mágica se han de macerar con
severísimos ayunos y otras penitencias, para lo
cual los niños huyen solitarios, donde permanecen
desnudos y sin lavarse; nada comen sino pimienta y cierta
especie de maíz. (...)
Los
guaraníes son gente dada a los sueños y augurios
hasta la exageración. Creen que tocando un búho
se vuelven perezosos, a causa de que tal ave vuela poco
y no fabrica nidos en el Paraguay. Si una mujer come espigas
dobles de mijo, dicen que parirá gemelos. Singulares
son las medidas que adoptan cuando por vez primera tiene
la menstruación una doncella: la entregan a una
mujer robusta, que la prueba de varias maneras: la obliga
a privarse de comer carne hasta que los cabellos rapados
le lleguen a las orejas; le es prohibido mirar a los hombres;
si por casualidad ve loros, imaginan que en lo sucesivo
será habladora; ha de barrer la casa, ir por agua
a paso acelerado sin separarse de la senda, machacar el
maíz con la mano del mortero, no puede descansar
un momento y, en una palabra, se la obliga a cumplir los
cargos propios de una madre de familia.
Los
mamelucos son derrotados por los neófitos
Mientras los religiosos del Tucumán tales expediciones hacían,
el Uruguay andaba perturbado. Anunciose que los mamelucos se movían,
y preparaban la guerra contra los neófitos del Paraná y Uruguay.
Tocose alarma en las Reducciones y se acordó que juntos los de ambos
ríos procurasen rechazar a los invasores y acabar la contienda con una
sola batalla.
Fueron
escogidos cuatro mil soldados, y se les dieron las armas
que parecían oportunas: a unos hondas, a otros arcos,
según la costumbre que tenían; trescientos
recibieron arcabuces. Llegados a Mbororé, pueblo
situado en las fronteras del Uruguay, los cristianos fueron
exhortados a cuidar como militares de sus cuerpos y de
sus almas, pues los exploradores habían anunciado
que los mamelucos estaban a un día de camino, y
que ocupaban el río Acaraguay, tributario del Uruguay,
embarcados en trescientas lanchas; venían cuatrocientos
mamelucos y dos mil setecientos tupíes. (...)
Desesperando
los mamelucos vencer en el río, salieron a la margen,
donde los nuestros pelearon, si cabe, más felizmente;
el enemigo habría huido si la noche no se acercara
y cortara la contienda. Parte de nuestro ejército
luchó en otro lado con varias vicisitudes; siempre
salieron los neófitos sin daño, y los mamelucos
con hartas pérdidas. (...)
El combate se hacía cuerpo a cuerpo por la naturaleza del terreno. Siguió la
contienda hasta dos horas después del mediodía, en que los mamelucos
huyeron, y los nuestros, cansados, no los persiguieron. Tuvimos tres muertos
y cuarenta heridos. De los adversarios, especialmente de los tupíes,
perecieron no pocos; muchos de éstos vinieron al ejército de
los neófitos, cansados de aguantar las vejaciones de los mamelucos.
(Extractado
del libro Historia de la Provincia del Paraguay de la
Compañía de Jesús, Centro de Estudios
Paraguayos Antonio Guasch, Fondec, 2005.)
<<
volver a lecturas
|