LA
GUARANIA SE INSCRIBE EN LA CORRIENTE DEL NACIONALISMO
ROMÁNTICO
En el centenario de un genio
Flores sentó las bases de un universo musical que hoy trasciende nuestras
fronteras y se vuelca sobre otras comunidades para convertirse en patrimonio
artístico de todas ellas.
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Edgar
Valdés | Crítico literario
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No
exageramos. En términos de la sociedad a la
cual pertenecemos, podemos considerar a José Asunción
Flores como un genio, como el artista más
completo que haya producido nuestro país. Él,
como ningún otro, consiguió descifrar
los latidos más profundos de nuestra sensibilidad
colectiva, volcándolos en los veneros de la
música popular. Después de las opiniones
recogidas por Antonio Pecci en su "Tributo a
Flores", es difícil decir algo nuevo
sobre el artista, pues todos los aspectos de su andar
por el mundo fueron testimoniados por quienes tuvieron
la suerte de conocerlo, dibujando un perfil humano
que deberíamos conocer todos los paraguayos.
Y si no lo conocemos por la palabra escrita empezando
por Agustín Barboza o Víctor Montórfano
y terminando por un Carlos Abente o un Augusto Roa
Bastos, ahí está sonando esa música
increíble que nos habla dulce, intensamente,
de nuestra geografía y nuestra particular
condición humana. Sería muy triste
saber que nuestros compatriotas no han leído
por lo menos los trabajos de Sara Talía y
Armando Almada Roche, o ya en el terreno técnico,
los agudos análisis hechos por Luis Szarán
y Diego Sánchez Haase sobre el músico
que estamos recordando. Todos ellos, por separado
y en conjunto, nos ayudan a comprender la tarea ciclópea
cumplida por el genio, sentando las bases de un universo
musical que hoy trasciende nuestra fronteras y se
vuelca sobre otras comunidades para convertirse en
patrimonio artístico de todas ellas. No otra
cosa hicieron en sus respectivos países figuras
como Héitor Villa Lobos aquel que dijo: "El
folclore soy yo" o el mejicano Carlos
Chávez, adscriptos a su vez, como nuestro
Flores, a la poderosa corriente musical que se conoce
como nacionalismo romántico, corriente que
de algún modo todavía sobrevive en
ciertos países. Para entender el fenómeno
de Flores, debemos admitir con Pierre Bourdieu que
un autor no se conecta de modo directo con su respectivo
medio social, sino que lo hace a través de
mediaciones que tienen que ver con el llamado "campo
intelectual", ese espacio relativamente autónomo
en que se crean y se expanden los denominados "bienes
simbólicos".
El
contexto en que nace
Víctor
Montórfano, amigo de Flores, lo vio muy claramente.
Dijo: "La guarania no es simplemente el vuelo
de un pensamiento creador. Es hija del tiempo. Es
hija de un momento político nacional." El
cual obviamente se expresaba, también, por
otros carriles de la creación estética.
Se puede comprender mejor el clima que dio nacimiento
al género guarania si se piensa no solo en
la inquietud y la efervescencia propias de la época,
sino en el impacto provocado en nuestras sociedades
por hechos tan movilizadores como la Revolución
Rusa y la Reforma Universitaria que la siguió poco
después. Si atendemos a las manifestaciones
de Flores recogidas por Sara Talía, en nuestro
espacio cultural se discutía de todo y acerca
de todo, pues nada de lo que acontecía en
el mundo le era indiferente a ese pequeño
grupo que conformaba la intelligentsia paraguaya
de ese tiempo, y que era asiduamente frecuentado
por el creador de la guarania. Si volvemos a las
constancias conocidas, el descontento social y los
pensamientos de cambio resultaban corrientes en personajes
como Sinforiano Buzó Gómez, Clitofonte
Lepretti, Hérib Campos Cervera y el mismo
Manuel Ortiz Guerrero, en cuya imprenta se solían
imprimir encendidos manifiestos estudiantiles. En
lo que hace al nacimiento del género, el inolvidable
Campos Cervera fue muy preciso: "Flores concibió un
amplio marco musical y adaptó a él
los nuevos contenidos", dijo.
Luego apuntó: "Es, pues, en su forma arquitectónica y en
las ideas donde radica el mérito innovador de la guarania." Certeras
palabras las del poeta. No vamos a repetir aquí lo que tantas veces
dijo el mismo Flores con respecto al desfasaje existente entre la notación
musical de polcas y guaranias. Lo importante es advertir que esos nuevos contenidos
musicales nacían de lo más hondo de la psicología colectiva,
y de ahí que el pueblo los adoptara y se identificara inmediatamente
con ellos. Flores lo resume así: "La guarania se asienta sobre
tres particularidades dice: es autóctona, nacional y popular." Se
trataba, para el maestro, de llevar lo más lejos posible los tímidos
balbuceos creadores que hasta entonces dominaban el ambiente musical. La excepción,
claro está, por su creatividad y su virtuosismo en el manejo de la guitarra,
no era otro que el famoso Agustín Barrios, quien sin embargo pronto
se trasladaría a otras latitudes más propicias para su arte.
Pero volviendo al género que nos ocupa, digamos que una musicóloga
como la cubana Carmen Valdés estima que ya no se puede hablar simplemente
de aires mestizos o de adopción, sino que hay que mirar a lo más
profundo, es decir, al oscuro hontanar precolombino, cosa que también
estaba en el ánimo de Flores. Alejo Carpentier, en cambio, prefiere
establecer una separación nítida entre música indígena
y formas contemporáneas, ya que aquéllas no apuntaban a una precisa
búsqueda estética, sino a ciertas representaciones de carácter
simbólico que tenían que ver con cuestiones mágicas, religiosas,
guerreras o del trabajo, etc. Pero las precedentes no pasan de ser consideraciones
de carácter teórico o, si se quiere, histórico. Correspondería
entonces retomar el camino testimonial no es otro el objeto de estas
notas, aun a riesgo de repetir cosas que ya hemos dicho en alguna otra
oportunidad.
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