Lecturas
Autor: Edgar Valdés
FUENTE: Correo Semanal
Diario Última Hora

Fecha 21 de agosto de 2004

LA GUARANIA SE INSCRIBE EN LA CORRIENTE DEL NACIONALISMO ROMÁNTICO
En el centenario de un genio


Flores sentó las bases de un universo musical que hoy trasciende nuestras fronteras y se vuelca sobre otras comunidades para convertirse en patrimonio artístico de todas ellas.


Edgar Valdés | Crítico literario

No exageramos. En términos de la sociedad a la cual pertenecemos, podemos considerar a José Asunción Flores como un genio, como el artista más completo que haya producido nuestro país. Él, como ningún otro, consiguió descifrar los latidos más profundos de nuestra sensibilidad colectiva, volcándolos en los veneros de la música popular. Después de las opiniones recogidas por Antonio Pecci en su "Tributo a Flores", es difícil decir algo nuevo sobre el artista, pues todos los aspectos de su andar por el mundo fueron testimoniados por quienes tuvieron la suerte de conocerlo, dibujando un perfil humano que deberíamos conocer todos los paraguayos. Y si no lo conocemos por la palabra escrita empezando por Agustín Barboza o Víctor Montórfano y terminando por un Carlos Abente o un Augusto Roa Bastos, ahí está sonando esa música increíble que nos habla dulce, intensamente, de nuestra geografía y nuestra particular condición humana. Sería muy triste saber que nuestros compatriotas no han leído por lo menos los trabajos de Sara Talía y Armando Almada Roche, o ya en el terreno técnico, los agudos análisis hechos por Luis Szarán y Diego Sánchez Haase sobre el músico que estamos recordando. Todos ellos, por separado y en conjunto, nos ayudan a comprender la tarea ciclópea cumplida por el genio, sentando las bases de un universo musical que hoy trasciende nuestra fronteras y se vuelca sobre otras comunidades para convertirse en patrimonio artístico de todas ellas. No otra cosa hicieron en sus respectivos países figuras como Héitor Villa Lobos —aquel que dijo: "El folclore soy yo"— o el mejicano Carlos Chávez, adscriptos a su vez, como nuestro Flores, a la poderosa corriente musical que se conoce como nacionalismo romántico, corriente que de algún modo todavía sobrevive en ciertos países. Para entender el fenómeno de Flores, debemos admitir con Pierre Bourdieu que un autor no se conecta de modo directo con su respectivo medio social, sino que lo hace a través de mediaciones que tienen que ver con el llamado "campo intelectual", ese espacio relativamente autónomo en que se crean y se expanden los denominados "bienes simbólicos".

El contexto en que nace

Víctor Montórfano, amigo de Flores, lo vio muy claramente. Dijo: "La guarania no es simplemente el vuelo de un pensamiento creador. Es hija del tiempo. Es hija de un momento político nacional." El cual obviamente se expresaba, también, por otros carriles de la creación estética. Se puede comprender mejor el clima que dio nacimiento al género guarania si se piensa no solo en la inquietud y la efervescencia propias de la época, sino en el impacto provocado en nuestras sociedades por hechos tan movilizadores como la Revolución Rusa y la Reforma Universitaria que la siguió poco después. Si atendemos a las manifestaciones de Flores recogidas por Sara Talía, en nuestro espacio cultural se discutía de todo y acerca de todo, pues nada de lo que acontecía en el mundo le era indiferente a ese pequeño grupo que conformaba la intelligentsia paraguaya de ese tiempo, y que era asiduamente frecuentado por el creador de la guarania. Si volvemos a las constancias conocidas, el descontento social y los pensamientos de cambio resultaban corrientes en personajes como Sinforiano Buzó Gómez, Clitofonte Lepretti, Hérib Campos Cervera y el mismo Manuel Ortiz Guerrero, en cuya imprenta se solían imprimir encendidos manifiestos estudiantiles. En lo que hace al nacimiento del género, el inolvidable Campos Cervera fue muy preciso: "Flores concibió un amplio marco musical y adaptó a él los nuevos contenidos", dijo.

Luego apuntó: "Es, pues, en su forma arquitectónica y en las ideas donde radica el mérito innovador de la guarania." Certeras palabras las del poeta. No vamos a repetir aquí lo que tantas veces dijo el mismo Flores con respecto al desfasaje existente entre la notación musical de polcas y guaranias. Lo importante es advertir que esos nuevos contenidos musicales nacían de lo más hondo de la psicología colectiva, y de ahí que el pueblo los adoptara y se identificara inmediatamente con ellos. Flores lo resume así: "La guarania se asienta sobre tres particularidades —dice—: es autóctona, nacional y popular." Se trataba, para el maestro, de llevar lo más lejos posible los tímidos balbuceos creadores que hasta entonces dominaban el ambiente musical. La excepción, claro está, por su creatividad y su virtuosismo en el manejo de la guitarra, no era otro que el famoso Agustín Barrios, quien sin embargo pronto se trasladaría a otras latitudes más propicias para su arte. Pero volviendo al género que nos ocupa, digamos que una musicóloga como la cubana Carmen Valdés estima que ya no se puede hablar simplemente de aires mestizos o de adopción, sino que hay que mirar a lo más profundo, es decir, al oscuro hontanar precolombino, cosa que también estaba en el ánimo de Flores. Alejo Carpentier, en cambio, prefiere establecer una separación nítida entre música indígena y formas contemporáneas, ya que aquéllas no apuntaban a una precisa búsqueda estética, sino a ciertas representaciones de carácter simbólico que tenían que ver con cuestiones mágicas, religiosas, guerreras o del trabajo, etc. Pero las precedentes no pasan de ser consideraciones de carácter teórico o, si se quiere, histórico. Correspondería entonces retomar el camino testimonial —no es otro el objeto de estas notas—, aun a riesgo de repetir cosas que ya hemos dicho en alguna otra oportunidad.

 

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