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El Corredor de las Ideas -con su base operativa en la franja central de Chile, Argentina, Uruguay y el sur del Brasil- se propone dos metas
principales: 1º) alentar los estudios sobre pensamiento y cultura latinoamericana, 2º) crear redes y grupos de trabajo para debatir nuestra propia integración desde tres principios insoslayables: democracia, identidad y
derechos humanos.
Cuestionamos el presente Estado de Malestar y la reimplantada concepción sobre la rapacidad ingénita del hombre, así como la recolonización
del orbe mediante deudas astronómicas, avasallamiento de legítimas expresiones regionales, manipulación informativa y domesticación de intelectuales -que asocian indisolublemente la racionalidad con el espíritu capitalista.
Nos pronunciamos por una integración que trascienda la unificación aduanera, el realismo político y el irrestricto alineamiento con los
poderes mundiales; que asimile la estrategia de los países que han podido avanzar en la globalización por haber preservado sus valores más importantes, sus recursos naturales y su mercado interno; que adopte un perfil
humanista, con justicia social y democracias participativas, hostiles a la corrupción y a los condicionamientos; que actualice un programa como el de la patria latinoamericana, con sus desvelos generacionales y su fuerte
respaldo histórico.
Como fórmula positiva para la integración, propiciamos el innovador concepto de identidad, como unidad en la diversidad, que intenta superar
nociones autoritarias o discriminantes -las del ser o el carácter nacional- para convertirse en un magno ideal civilizatorio por su alto grado de univerzalización. La identidad, como proceso de afirmación individual y
colectiva, se aúna con la utopía, en tanto ambas tienden a modificar un ordenamiento maniqueo, compuesto por una casta privilegiada y una creciente masa de sumergidos.
Desde una perspectiva utópica enraizada puede refutarse las versiones deterministas que le asignan una fuerza magnética a las oscilaciones
bursátiles, a la concentración financiera, a la desregulación y a las privatizaciones, a los ajustes salvajes, al furor consumista o al triunfalismo nordatlántico que
exhuma el discurso lapidario sobre los pueblos meridionales y clausura la historia como si se hubiera alcanzado el cese de los antagonismos y el reino celestial.
Entre los proyectos, plasmaciones y fuentes que nos toca recuperar a los iberoamericanos para la urdimbre de nuevas utopías, se
encuentran nuestros mejores legados originales: desde el bolivarismo al modernismo martiano, desde el nacionalismo continental al movimiento reformista, desde la ensayística a la literatura ficcional, desde los planteos
liberacionistas a la filosofía intercultural.
Una ardua tarea de revaloración que involucra no sólo a los letrados sino también a los bloques y partidos populares, a las organizaciones
civiles autogestionarias; en definitiva, a quienes se rehusan a percibir como fenómenos cósmicos la dominación, la miseria, la desigualdad y los padecimientos planetarios. La historia de nuestras ideas emerge aquí como
herramienta clave para activar la memoria, la conciencia y los emprendimientos sociales.
En resumidas cuentas, nos convoca el anhelo de incidir en todos los espacios disponibles y, fundamentalmente, en nuestro propio ámbito
laboral, el universitario, para que éste asuma su gravitante función en el Mercosur del Conocimiento, oriente a sociedades tan dispares e inermes como las nuestras, hasta transformarse en un baluarte para el desarrollo
alternativo frente al pensamiento único y la modernización conservadora.
San Leopoldo, Brasil - Mayo 1999
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