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UN
TEXTO QUE REVELA LA HISTORIA DEL PARAGUAY EN LOS PRIMEROS AÑOS
DE LA COLONIZACIÓN
Descripción
del Paraguay Los habitantes europeos, tanto de la Asunción como de las demás ciudades mencionadas, fueron tronco de ilustres familias, que pueden ostentar brillantes genealogías, como descendientes de casas principales de España, tanto que quizás no haya en América provincia alguna donde se cuente un número tan considerable de insignes apellidos. Mas toda esta nobleza se degradó y vino a menos con el tiempo, efecto de las condiciones del país, que no proporcionaba riquezas para conservar el rango de los antepasados. Todos saben que ninguna región del Nuevo Mundo engañó tanto a los europeos como el Paraguay. Aquí no hay oro ni plata, metales que son desconocidos casi completamente; el hierro sí que abunda, pero no explotan sus minas los indígenas. Hoy mismo los españoles (excepto los que habitan en Buenos Aires y Santa Fe, que comercian con el Perú) no usan moneda, la cual reemplazan con la permuta de unas cosas por otras, imitando las costumbres de los tiempos primitivos. En pocos parajes se cultivan la vid o el trigo; así que comer pan y beber vino es un lujo que solamente se permiten los ricos. (...) Muchas son las virtudes que se atribuyen a dicha yerba; lo mismo reconcilia al sueño que desvela, igualmente calma el hambre que la estimula y favorece la digestión; repara las fuerzas, infunde alegría y cura varias enfermedades. Los que se acostumbran a ella no pueden pasar sin usarla, y afirman que si dejaran tal hábito se debilitarían y no podrían prolongar la existencia, y de tal manera los domina este vicio, que si no pueden adquirir buenamente esta yerba, venden cuanto tienen para hacerse con ella. Los que piensan cuerdamente, aunque reconocen que fortalece algo y es causa de cierto bienestar, casi nunca la usan, porque si se abusa de ella se produce la demacración, la embriaguez y otros males, ni más ni menos que el vino. Costumbres
de los guaraníes A ningún dios adoran, sino que están entregados a las supersticiones y locuras de los hechiceros. El arte de la adivinación es tan varia como los países que los Guaraníes habitan, todos éstos convienen en reverenciar sobremanera los magos distinguidos por su trato familiar con los demonios. Los que pretenden ser expertos en el arte mágica se han de macerar con severísimos ayunos y otras penitencias, para lo cual los niños huyen solitarios, donde permanecen desnudos y sin lavarse; nada comen sino pimienta y cierta especie de maíz. (...) Los guaraníes son gente dada a los sueños y augurios hasta la exageración. Creen que tocando un búho se vuelven perezosos, a causa de que tal ave vuela poco y no fabrica nidos en el Paraguay. Si una mujer come espigas dobles de mijo, dicen que parirá gemelos. Singulares son las medidas que adoptan cuando por vez primera tiene la menstruación una doncella: la entregan a una mujer robusta, que la prueba de varias maneras: la obliga a privarse de comer carne hasta que los cabellos rapados le lleguen a las orejas; le es prohibido mirar a los hombres; si por casualidad ve loros, imaginan que en lo sucesivo será habladora; ha de barrer la casa, ir por agua a paso acelerado sin separarse de la senda, machacar el maíz con la mano del mortero, no puede descansar un momento y, en una palabra, se la obliga a cumplir los cargos propios de una madre de familia. Los mamelucos
son derrotados por los neófitos Fueron escogidos cuatro mil soldados, y se les dieron las armas que parecían oportunas: a unos hondas, a otros arcos, según la costumbre que tenían; trescientos recibieron arcabuces. Llegados a Mbororé, pueblo situado en las fronteras del Uruguay, los cristianos fueron exhortados a cuidar como militares de sus cuerpos y de sus almas, pues los exploradores habían anunciado que los mamelucos estaban a un día de camino, y que ocupaban el río Acaraguay, tributario del Uruguay, embarcados en trescientas lanchas; venían cuatrocientos mamelucos y dos mil setecientos tupíes. (...) Desesperando
los mamelucos vencer en el río, salieron a la margen, donde los
nuestros pelearon, si cabe, más felizmente; el enemigo habría
huido si la noche no se acercara y cortara la contienda. Parte de nuestro
ejército luchó en otro lado con varias vicisitudes; siempre
salieron los neófitos sin daño, y los mamelucos con hartas
pérdidas. (...) (Extractado
del libro Historia de la Provincia del Paraguay de la Compañía
de Jesús, Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch, Fondec,
2005.)
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