|
Desde
la periferia y para el mundo
A Leopoldo Zea en sus 90 años
Leopoldo
Zea es un gran personaje, ha pensado en grande y ha sido capaz de desenvolverse
en grandes escenarios. Para ser justipreciado, debe mirársele desde
una perspectiva suficientemente amplia que permita juzgar sus dimensiones
y con un corazón suficientemente generoso para apreciar su valor.
Perspectivas inmediatistas e individuos mezquinos han querido descalificar
una vida por algún juicio o acto coyuntural que a éstos
pareció equivocado, torpe o inoportuno. Las posiciones de Zea,
como las de todo el mundo, son discutibles. Ni el presente ni el futuro
dirán la última palabra: hay allí pareceres, circunstancias,
lealtades, intereses. Pero acordando o discordando con los juicios del
maestro o con el sentido de sus actos específicos, ello ni lo salva
ni permite condenarlo. 90 años son mucha obra, muchas páginas,
muchas iniciativas, muchas ideas por parte de quien ha sido imaginado
como el Bolívar del pensamiento latinoamericano. ¿Qué
podrían decir sobre Leopoldo Zea quienes se limitan a mezquinas
ojeaditas de centímetro cuadrado?
Entonces, ¿qué significa evaluar a Zea desde una perspectiva
amplia y generosa? No aseguro que seré capaz de hacerlo, aunque
pienso que ello apunta a considerar el conjunto de su vida y su obra,
con modestia, para escuchar su mensaje, acoger un testimonio y recibir
una herencia. La herencia, el mensaje y el testimonio de Leopoldo Zea
pueden recogerse por distintos procedimientos. Voy a abocarme a tres dimensiones:
el historiador de las ideas, el pensador del mundo periférico,
el creador de redes intelectuales.
1.-
Historiador de las ideas
Leopoldo Zea representa la normalización de nuestra
historia de las ideas. La normalidad filosófica de
Francisco Romero es un poco anterior a la normalización de la disciplina
la historia de la filosofía y del quehacer intelectual. Quizás
fue necesario que se normalizara el quehacer para que pudiera normalizarse
la historiografía sobre este quehacer.
Las obras sobre el positivismo mexicano y sobre las dos etapas, el romanticismo
y el positivismo, precursoras de los trabajos de Arturo Ardao, Joao Cruz
Costa, Guillermo Francovich, Francisco Miró Quezada, José
Luis Romero y Luis Villoro van a marcar junto a éstos dicha normalización.
Este conjunto de obras, producidas durante los 40 y los 50 conforman un
espacio disciplinario que, si bien antes existía, no había
logrado constituirse verdaderamente a partir de un corpus de trabajos
suficientemente homogéneos, de alta calidad y que cubrieran una
buena parte del continente.
El aporte de Zea es doble, por una parte nos entrega su propia producción
y por otra motiva la producción de los demás. La motivación
también es doble pues va a permitir la normalización a mediados
del siglo XX pero va a incentivar igualmente la mantención y desarrollo
de esa disciplina. La obra de Arturo Roig, Ricaurte Soler, Abelardo Villegas,
Javier Ocampo López, Hugo Biagini, Tzvi Medín, Pablo Guadarrama,
Horacio Cerutti, Adriana Arpini, y la de tantos otros, más de algo
debe, sea epistemológicamente sea contextualmente, a la inspiración
de Zea. La creación de conceptos (positivismo autóctono),
la puesta en relieve de autores y corrientes (krausismo), el planteamiento
de hipótesis provocadoras (la relación entre positivismo
y proyecto burgués), la motivación de grupos de estudio
(Hyperion), la creación de sociedades y asociaciones (SOLAR), la
dirección de centros (CCYDEL), la publicación de revistas
y de tantas obras colectivas (Latinoamérica, Cuadernos Americanos),
la programación de acuerdos y contactos (UNESCO-UNAM) y sobre todo
la guía de discípulos han sido maneras todas de contribuir
a que este ámbito disciplinario se constituyera.
Ahora bien, refiriéndose a la disciplina de la historia de las
ideas curiosamente Zea afirma que parte de una concepción
eurocentrista u occidentocentrista puesto que busca, en primer
lugar, la relación que ha guardado lo que llama su pensamiento
con la filosofía, filosofemas e ideas de la cultura europea.
¿Cuál es el contexto y alcance de esta frase?
2.-
Pensador en/desde la periferia
Zea transita entre la historia (grafía) de las ideas y la filosofía
de la historia. Sus primeras obras importantes son aportes a la disciplina
de la historia de las ideas, pero trascendiéndola se transforma
en filósofo de la historia, un acontecer mirado desde la periferia
y para la periferia. A mi modo de ver el libro que señala esta
superación asuntiva (como le gustaría decir)
es América en la historia.
Éste, además de ser el volumen más logrado del maestro,
entre los que no se refieren específicamente a la historia de las
ideas, constituye un hito importante en su producción como en la
evolución del pensamiento latinoamericano. Se trata de un libro
que abre una perspectiva sobre el proceso histórico mundial, capaz
de abarcar siglos y culturas. Allí se plantea lo que en trabajos
posteriores denominará un discurso desde la marginación.
A través de sus alusiones a los pensadores periféricos,
a los que piensan desde fuera de la historia (españoles,
egipcios, kenianos, rusos, indonesios, latinoamericanos, periféricos
todos) nos va exponiendo algunas de las manifestaciones de lo que él
no llamó un discurso periférico, acerca de cuál
sería su sentido y sus tareas posibles. Zea ve esto expresado,
entre otras cosas, en la preocupación por la identidad que hermana,
o al menos asocia, a los Bolívar, los Bilbao, los Martí;
los Ganivet, los Costa, los Menéndez y Pelayo, Unamuno, Ortega
en España; así como los Herzen, Belinsky, Dostoyevski y
Turgueniev en Rusia y la de muchos en Asia y África.
La preocupación por la identidad es una muestra de protesta por
la marginación, marginación que Zea quiere superar incorporando,
haciendo una historia, dice él, de todos los hombres,
de allí sus referencias a Kenyatta, Sukarno, Nehru, Fanon y M.
Bow, de allí su llamado, por otra parte, a barbarizar
la cultura del centro.
3.-
Creador de las redes
La historia de las ideas y la filosofía de la historia mundializada
se realizan de hecho, y pudo no haber sido así, en contacto con
(en la medida que y, en parte, como producto de) el universo intelectual
latinoamericano y más allá.
Zea motiva la producción de los otros y con ésta fecunda
su propia producción: recoge material, se informa de las ideas
de cada región, planta una semilla de interés por el pensamiento
local, incentiva un trabajo conjunto, circula, comunicando a unos con
otros. Es un continuador y mejorador de la trayectoria de Clorinda Matto,
José Enrique Rodó, José Vasconcelos, Manuel Ugarte,
Gabriela Mistral, Francisco Romero y Joaquín García Monge.
Su obra es tributaria de las redes. Numerosos hilos del pasado y del presente
se anudan. Su obra testimonia los avances de investigación sobre
el pensamiento uruguayo, boliviano, brasileño producidos por personas
que forman parte de un mismo proyecto y que se encuentran articuladas
a él.
Si Leopoldo Zea ha sido entre los intelectuales latinoamericanos quizás
el más importante del siglo XX, al menos en el ámbito de
las ciencias humanas y el ensayo, en la creación de redes intelectuales
en América Latina y de América Latina con el mundo, nuevamente
su herencia es grande y vuelve a poner la vara muy alta para continuarlo.
Pero las redes no se realizan únicamente en el quehacer académico
estricto. Estas se van transformando en gestadoras / gestoras de un campo
intelectual continental y, poco a poco, global. Se trata del latinoamericanismo.
Su aporte fue decisivo para dar forma a la Sociedad Latinoamericana de
Estudios sobre América Latina y el Caribe (SOLAR) y a la Federación
Internacional de Estudios sobre América Latina y el Caribe (FIEALC).
4.-
Las herencias y las proyecciones
a- Sus logros y avances son la otra cara de los desafíos que nos
deja. Su herencia es una donación pero es a la vez el desafío
(el castigo) de tener que saltar más alto. Zea ha construido mucho,
indicándonos de ese modo lo que es posible hacer. Sus trabajos
sobre historia de las ideas han marcado un hito y un rumbo. Nos ha dado
varios enviones, nos ha regalado pescados y nos ha enseñado a pescar,
de nosotros depende mejorar las técnicas de pesca.
La complementación del trabajo de Leopoldo Zea puede imaginarse
en varios sentidos. El primero y más obvio es el temporal: continuar
hacia adelante, abocándose a las épocas que el maestro no
pudo tratar, o hacia atrás, a las que no tuvo o interés
o tiempo o ánimo para tratar. El segundo, hacia las regiones que
abordó insuficientemente Brasil, América Central, el Caribe.
El tercero, pueden serlo aquellos ámbitos que se encuentran más
allá del ensayo o del pensamiento filosófico, político
o educacional, en los territorios de las ciencias sociales, de la economía
y otros ámbitos disciplinarios como la ingeniería o los
estudios urbanos que están generando un pensamiento. El cuarto
hacia las mujeres, teniendo en cuenta tanto las grandes figuras como Gabriela
Mistral o Victoria Ocampo, con sus temas y preocupaciones, como las agrupaciones
femeninas / feministas con sus respectivas publicaciones. En quinto lugar
hacia las organizaciones sociales, sindicales, gremiales y otras donde
los colectivos priman sobre las figuras intelectuales. En sexto lugar,
hacia la diáspora latinoamericana y sobre todo hacia el latinoamericanismo
ese ámbito donde, como en ningún otro, dialogamos con el
mundo. Por último, ya no ampliando los grupos o sectores sino,
formulando otras preguntas o métodos que nos permitan ir hacia
las fronteras de las ideas y donde éstas se encuentran (y se van
confundiendo) con las mentalidades, en unos lugares, y con las sensibilidades
en otros.
Ahora bien, la historia y la historiografía del pensamiento latinoamericano,
si tradicionalmente se ha hecho por relación a Europa, tiene una
deuda importante respecto a la decisiva y creciente presencia del pensamiento
norteamericano (de EEUU y Canadá), así como una deuda con
el pensamiento asiático y africano que, si bien en grado mucho
menor, se han hecho sentir entre nosotros. En este sentido parece clave
continuar construyendo la historia de nuestras ideas por relación
a, pero a la vez es necesario ser capaces de mostrarlas como parte
de un movimiento que las trasciende. Y aquí se manifiesta un elemento
decisivo: aunque la mayoría de los componentes del pensamiento
latinoamericano provienen de una tradición occidental, la estructura
de éste no es europea sino periférica.
b-
Estas ampliaciones, avances, continuaciones o desarrollos de la obra del
maestro no pueden circunscribirse sólo a la historia de las ideas,
pues no se trata de pensar únicamente a América Latina ni
menos pensarla sólo como pasado aislado. Se trata, sin duda, de
continuar en su intento por pensar América Latina en sus conexiones
y en sus movimientos, continuar su intento por pensar una filosofía
de la historia mundializada.
Zea nos regaló un pescado y nos enseñó a pescar,
de nosotros depende que el río sea autosustentable y siga produciendo
vida. Uno de los mayores desafíos que enfrentó fue superar
el provincianismo de quienes se circunscriben a pensar localmente, cansándose
en los mismos tópicos y agotándose en los mismos autores.
Zea fue más allá de esto y nosotros debemos ir más
allá de sus 90 años, más allá de los 500 años.
Ello ¿en qué sentido? Quizás en primer lugar en la
continuación de su trabajo, para otorgarle a la periferia un lugar
en la mundialización, o dicho de otra manera, en su trabajo por
contribuir a la superación de la condición periférica.
Una de las tareas que Zea se propuso fue luchar contra el regateo de la
humanidad a los periféricos. Este regateo no ha mutado en llana
generosidad. En algunos aspectos ha cedido, en otros ha cambiado su forma,
en otros todavía se ha acentuado. A sus 90 años, el maestro
puede contemplar un mundo más tolerante, más multicultural,
más abierto que a sus 45, pero él mismo es testigo de que
la tarea no está cumplida y que la globalización nos continúa
regateando derechos.
Avanzar (ahondar) en su tarea de articular el pensamiento latinoamericano,
especial, aunque no únicamente, al pensamiento periférico
y hacer esto, al menos en parte, a través de la producción
del latinoamericanismo, que se ha disparado en las últimas décadas
y de lo cual no hemos tomado cabalmente conciencia.
Avanzar (ahondar) en la tarea de construir un pensamiento para la periferia
capaz de interpretar la condición periférica para superarla.
No contentándose con la crítica del europeismo o del eurocentrismo,
ni menos con la sola denuncia. Mucho más importante que refocilarse
en la crítica y denuncia del europeismo o del eurocentrismo es
generar un pensamiento (viable y no sólo retórico) alternativo.
Ya sabemos los latinoamericanos cuan fácil es explicar la dependencia
y cuan difícil es generar el desarrollo. Que no nos vaya a ocurrir
lo que a aquel hombrecillo de la fábula que para no ser explotado
dejó de trabajar, para no utilizar jamás un concepto emanado
del centro dejó de hablar, para no contaminar sus pulmones dejó
de respirar y para no contagiarse del sida...
La constitución de un pensamiento de (desde y/o para) la periferia
es una tarea en la que Zea ha avanzado entregando numerosos criterios
y conceptos y quiero poner en relieve sólo algunos: la necesidad
de un enfoque, por parte de los periféricos, que tenga en cuenta
la condición periférica o, en otras palabras, que parta
de la relación de dependencia; la necesidad de asumir el pasado
no como pura negación sino que asuntivamente; recibir lo occidental
como asimilación de la experiencia sufrida, transformándola
en instrumento al servicio de las metas de América Latina; tomar
conciencia de que se existe en relación con los otros, lo que significa
reconocer a los demás, dialogar y, en el caso de los otros latinoamericanos,
intentar la integración; trabajar simultáneamente con las
ideas de reconocimiento de las diferencias del otro y de mestizaje.
c.-
Quizás sea una perogrullada, pero si Zea no pudo hacer todo esto
aisladamente sino a través de permanentes contactos, colaboraciones,
centros, congresos y convenios, a fortiori un trabajo mayor realizado
por personas menores requerirá de una gran capacidad para trabajar
en red.
Felizmente el maestro ha llevado de la mano a muchos de sus discípulos
y colaboradores en esta empresa. La experiencia de Zea ha ido siendo recibida,
digerida y reelaborada en primer lugar por sus colaboradores más
cercanos: Adalberto Santana, Alberto Saladino, Gustavo Vargas, Felicitas
López Portillo, Mario Magallón entre otras personas, pero
también por otras tantas que sin haber trabajado en la UNAM se
han asociado a sus iniciativas: Otto Morales Benítez, Gregorio
Weinberg, Darcy Ribeiro, José Antonio Rivadeneira, Hugo Biagini,
Alejandro Serrano Caldera, Javier Pinedo, Clara Alicia Jalif, José
Luis Rubio Cordón y Antonio Colomer en España, Alfredo Lobato
Blanco, Vladimir Davidor en Rusia, Carlos Pérez Zabala, Juan Hung
Hui en Taiwán, Afranio Mendes Catani, Andrejz Dembics en Polonia,
Mauricio Langon, Adriana Rodríguez, Yamandú Acosta, Lancelot
Cowie, Tzvi Medin en Israel, Ricardo Melgar Bao, Rene Patricio Cardoso
Ruiz, Yamada Mutsuo en Japón. Muchos de estos han aprendido de
él la posibilidad y la necesidad de ampliar las redes y proyectarlas
hacia el Caribe y lo caribeño, hacia Europa, particularmente Portugal
y España, hacia el Brasil, hacia el mundo eslavo o el extremo oriente,
hacia el Conosur. CCyDEL, PUDEL, CEEIB, COLCARIBE, SOLAR, FIEALC y Corredor
de las Ideas son obras de Zea o de sus herederos.
Lugares como la India, China, el mundo islámico, África
en general y Oceanía prácticamente carecen de conexiones
en estas redes. Por así decirlo y de manera un poco grandilocuente,
dentro de la geopolítica de las redes, nuestro latinoamericanismo
no está ni muy presente ni interconectado con la mayor parte de
la humanidad y ésta es una primera y decisiva cuestión pendiente.
Esto permite enganchar con otra asignatura pendiente. De hecho estas redes
han tenido un doble objetivo: avanzar en el conocimiento de la realidad
latinoamericana, especialmente de su pensamiento, así como simultáneamente
contribuir a la integración continental, en particular de su ámbito
intelectual. Ello nos sitúa frente al crecimiento del grado de
protagonismo de las redes de intelectuales, profesionales, científicos
y otros actores de la sociedad del conocimiento a nivel global. Estas
redes están siendo pioneras en la configuración de la glocivilidad,
de esa suerte de sociedad civil mundial que se ha ido reforzando en las
últimas décadas.
Quizás para extender el latinoamericanismo, para permitir que dialogue
mejor con otras culturas y para que le sea más fácil asumir
el papel de emisor cultural en el mundo globalizado, debamos superarlo
hacia la creación de redes de estudios periféricos o algo
así.
Por esta vía puede plantearse precisamente la cuestión del
sentido del latinoamericanismo, que se realiza en la dimensión
académica estricta y más allá en una dimensión
cultural global, que apunta a una finalidad planética.
El latinoamericanismo puede (debe) realizarse en tanto que tal comprendiendo
la realidad latinoamericana para entregarse a la humanidad y esto en parte
como ser, en parte como deber-ser.
La propuesta del mestizaje o de la raza cósmica, en el sentido
de Vasconcelos y Zea, provee un mensaje de diálogo - tolerancia,
de multiculturalidad y síntesis, de manera de ser y de deber ser,
que se constituye en categoría clave para la consolidación
de un espacio intelectual y cultural periférico en el marco de
la globalización.
|
|